Que las penas van envueltas en sonrisas. Sonrisas en las que se demuestra una tremenda felicidad. Sentir la brisa cálida por tu oído, susurrando un triste te quiero, pero sincero. Un te quiero que te llena de sensaciones, sensaciones únicas, y muy especiales.
Esta mañana he salido de la cama de un salto y he dicho: venga, que hoy quiero comerme el mundo.
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